Nuestra realidad

Para ser una isla tan hermosa, turística, y con buena comida y gente, todos pensarían que Puerto Rico es un paraíso. Ciertamente eso es lo que pensábamos los boricuas, hasta septiembre de 2017. Sí, aquí al igual que en todos los lugares del mundo enfrentamos distintos eventos naturales.  Los huracanes no son nada nuevo, los terremotos tampoco y ni se diga de las enfermedades de temporada: dengue, influenzas, zica, alergias, entre otras.  Sin embargo, estamos acostumbrados a verlo todo por separado, un huracán en el ’98, un pequeño movimiento sísmico de cada tres años que puede pasar por un tropezón en las escaleras, un catarrito. . .

La posición geográfica, por excelente que fuera para nuestros españolitos pasados y americanitos actuales, también es nuestra perdición. 

Ahora, para decir verdad, 2017 llegó “para traer nuevas experiencias y lecciones a las generaciones más jóvenes” sí, “ok”. El detalle con lo que no contaban nuestros viejitos quienes decían: “lo hemos visto y vivido todo” es que, a ellos también se les viró la tortilla.

Como seres humanos, nos encariñamos con todo y a todo le ponemos nombre, esto causa que lleguemos a odiar algunos nombres; actualmente Irma y María.  Irma nos pasó a un pelo, y aun así se sintió como un atropello que nos dejó algunas laceraciones.  Cuando pensábamos que la emergencia ya estaba pasando, María nos agudizó las heridas y dejó traumas internos. Arrasó con todo.  Aprender a vivir sin agua del grifo, sin energía eléctrica, sin internet ni comunicación telefónica, calles inservibles y pocos suministros fue toda una aventura.  Así como escuchar helicópteros militares a toda hora y la generadora de energía de los vecinos. . .

Luego de esta gran y hermosa experiencia de reencontrarnos con nuestro lado primitivo, pensábamos que algo peor que esto sería difícil.

Bienvenidos al 2020.

Desde finales del 2019 la isla estaba comenzando a hacer preparativos para bailar la macarena, en 2020 la macarena se quedó corta.

Sí, ocurrieron unos cuantos fuertes terremotos en la zona sur de la Isla acompañados de sus réplicas.  Toda la Isla los sintió, unos más, otros menos, algunos corrieron asustados, otros se quedaron en el baño y unos siguieron durmiendo. En el caso de muchos, dormimos fuera de la casa o cerca de la puerta principal, pendientes al próximo rugir de la Madre Tierra.

¿Qué es peor?

Si nos preguntan a los boricuas “¿qué es peor? ¿Un huracán? ¿Un terremoto?” te respondo: las dos.

Un Huracán, con todo preparativo posible, al pasar lo peor falta recoger y reconstruir. Sabes cuando llega, sabes cuando pasa; no sabes exactamente la magnitud de los daños.

Un terremoto, no sabes cuando va a ocurrir, sí sabes que, de ocurrir, llegaran las réplicas, que no sabes cuando se van a acabar.

COVID – 19 dice presente

Dentro de toda la incertidumbre actual, esto sin tocar el tema de los daños estructurales y emocionales que todavía se viven, el famoso COVID – 19 dijo “quiero unirme a la fiesta”, solo que no es una fiesta exactamente.

Estamos encerrados en cuarentena “es distanciamiento social”, 60 días hasta ahora y los que vendrán. Nadie quiere pensar en otro terremoto, no se puede salir. Nadie quiere acordarse de los huracanes, ya anunciaron una temporada activa “en 18 días comienza la temporada de huracanes oficialmente” ¡yay!. Las alergias en primavera y verano son incesantes gracias al polen, al polvo del Sahara y ni hablemos de las sequías y sus incendios. Los catarros y otras enfermedades por los mosquitos siempre están presentes, ¿y pa’ colmo tenemos el COVID19?

¿Cómo prepararnos?

Dada nuestra experiencia, estos consejitos fueron y siguen siendo de mucha utilidad: 

  1. Mantener una reserva de suministros no perecederos y suficiente agua durante todo el año. Nunca sabes en que época del año la vas a necesitar.
  2. Llevar en el auto una mochila con ropa cómoda, agua y artículos de higiene personal.  No sabemos dónde nos quedaremos varados.
  3. Salir de casa con una lonchera con alimentos y agua.  No podemos contar con que encontraremos un restaurante cerca para comer.
  4. Siempre contar con algo de efectivo.  Si no hay electricidad, no hay sistema para procesar tarjetas.
  5. Notificar a nuestros familiares cercanos, padres, hijos, hermanos…donde estamos para que saber a dónde dirigirnos.

¿Cómo vamos a sobrevivir?

La realidad es que no sobrevivimos.  Vivimos en una isla tropical que por ciclos ha vivido estas experiencias que para nosotros son nuevas.  Si tuviéramos la oportunidad de hablar con los abuelos o padres de nuestros abuelos nos dirían que vivieron fuertes huracanes, terremotos que estremecieron sus suelos, enfermedades incurables que hoy día tienen cura y hasta hambruna; aunque no lo creamos, sí, todos a la vez. 

A decir verdad, no fue tan malo reconectarnos con la naturaleza, con nuestros vecinos y con nuestras familias como lo hicimos luego del Huracán María y durante los terremotos.  Aquellos que se han negado a vivir cerca del mundo cibernético se han tenido que adaptar a él durante la cuarentena.  Así nos hemos enseñado mutuamente a vivir con lo necesario y a ser amigos de la tecnología.  No cabe duda de que nuestras vivencias de hoy se añaden a la historia del futuro.  ¿Cómo sobrevivir? Adaptándonos al día a día que nos toca vivir.